Árbol de la vida (2014)

"El bosque es un organismo único y fuente de gran bondad. No exige nada para su sustento y extiende su protección sobre todos los seres dándoles sombra, incluso al leñador que con su hacha lo destruye" 

Buda.

 

1. Obertura

En algún lugar recóndito del planeta, se encuentra un árbol cuyo proceso de fotosíntesis no incluye introspección de la luz solar sino la energía transmitida por una deidad exo-galáctica. Dicho árbol desborda una belleza magnánima y sus hojas relucen como estrellas cuando el sol se oculta.

La leyenda narra que todo aquel que descanse bajo sus copas, el tiempo de su genética corporal en lugar de progresar o transcurrir irá retrotrayéndose. Es decir, en lugar de envejecerse la persona, se rejuvenece, este proceso comprende tanto el interior del cuerpo (órganos, sangre, huesos, músculos) como por fuera (piel y vellos). Muchos aseguran que este árbol se extinguió en Occidente, pero es factible que algunas semillas se encuentren desperdigadas en islas equidistantes de Indonesia, como Sumatra y Borneo.

Narran los trovadores que la última vez que fue visto, ocurrió en la puja bélica entre y romanos y persas en las postrimerías del siglo III. Sin embargo, el emperador de Constantinopla, Justiniano I, hacia el año 558 (cinco años después del Segundo Concilio de Constantinopla), al parecer logró encontrar uno en un páramo desértico en la arabia pre-islámica. Su ejército, infructuosamente intentó transplantarlo sin lograr el cometido ya que no se trata de un árbol vulgar sino de uno producto de una deidad divina.

Siendo dicho árbol objeto de búsquedas contumaces de gobernantes de turno, ansiosos por la quimérica fórmula de la proclamada eternidad. Estos seguimientos no se hacían a vox populi, sino que se enviaban expediciones secretas con las ansias del doble premio; uno la dicha de la inmortalidad, y el otro, de ser amo y señor del mundo y disponer de libre albedrio sobre quiénes debían ser los elegidos y los ultrajados a la sumisión. En cierta manera, estaba en pugna quien debía ser la figura encarnada en Dios o ser el hombre más cercano al cielo de los terrestres. Si esto se concretase, las iniquidades del mundo se ahondarían aún más, y el belicismo constante pondría en riesgo a la humanidad.

Entrada la edad media, se reflotaban rumores del boca a boca de testigos que lo presenciaron (también los mentirosos saltimbanquis que buscaban sacar un rédito personal frente a los reyes). fue adquiriendo de esta manera carácter de tesoro místico, sólo comparable al santo grial, el arca de la alianza o “la lanza del destino”. Se reflotaron versiones primigenias, incluso algunas versiones falsas que aseveraban que estaba en Macedonia, según una viajante que cayó moribunda al templo del rey salomón, que había sido alcanzada por lanzas enemigas.

Pasando el tiempo, acrecentándose el mito a partir del entrelazamiento de relatos verdaderos y apócrifos, en el que de manera unívoca los pueblos veían como una salvación contra la muerte. O bien, puede ser interpretado como una victoria insoslayable frente al mal, esto es, la muerte. Indefectiblemente, para superar a la muerte hay que generar caos, romper con el orden establecido, para ello: más muertes. 

Para el pueblo cristiano que lo encontrase, significaría una especie de perdón por parte de dios a la humanidad por no haber realizado una correspondiente auto-crítica por haber permitido un árbol del mal en el jardín del edén.

Como así también podría ser visto como una prerrogativa para los habitantes de este mundo y redimirse todos los descendientes de Adán y Eva, demostrando que en cuánto seres humanos, no existe la perfección en el obrar e implicaría una demostración cabal que necesitamos de los errores para reflexionar y progresar intelectual y espiritualmente.

Pero ninguna elucubración alcanzaba a tener un vigoroso fundamento sobre la existencia del porqué del árbol en el mundo. 

Al no ser hallado por ningún imperio se libraron guerras acusándose unos a otros.

La causa de esto, además, radicaba en la presunta hipótesis de que este árbol era un holograma con la capacidad de teletransportarse, un portal a dimensiones nuevas y desconocidas.

Debido a las funestas guerras que se libraron por poseerlo, caben ciertos interrogantes:

¿Cuál es el verdadero motivo ontogenético del hombre que lo impulsa a cometer aberraciones, además de las ansias de poder? Porque detrás de toda guerra de la edad antigua siempre hay un motivo espiritual de liberación y expropiación para que se desaten las mismas que esconde una escisión del tándem nosotros-otros? ¿Sería más pertinente pensar que los imperios veían la excusa del árbol de la vida como una argucia para acrecentar su posición como mandatarios? ¿Fue necesidad de los emperadores acreditarse victorias en nombre de una verdad absoluta los que los llevó a arremeter atrocidades o las ambiciones interminables de poder? ¿Hubo necedad o necesidad en los pueblos para sentirse ellos mismos como “pueblo elegido”?

 

2. El bien contra el bien

Una de las precisiones por las cuales es fácil distinguirlo es que el árbol tiene tallado una inscripción en sánscrito védico y otra en arameo. No hay certezas acerca del mensaje simbólico, porque nunca se ha podido transcribir e interpretar de manera cabal y con claridad ambas frases, una situada en la base del árbol y otra en la parte alta donde comienza a ramificarse. Entre las suposiciones dicen que la frase citada arriba, que está inscripta en sanscrito védico, es una oda a la divinidad celestial y contiene códigos para una buena conducta. Por el contrario, la que se encuentra en la base troncal del mismo refiere al mundo del averno y los distintos castigos a lo que serán sometidos los pecadores de este mundo.

Tenía como coraza protectora un campo magnético invisible que rondaba los diez metros de diámetro en torno de su circunferencia, que lo erigían como fortaleza contra intentos de vandalismo. Dentro de ese campo, una potente luz emanaba desde las copas hacia arriba de manera perpetua, puerta transversal que da a un portal de transposiciones espacio-tiempo. Poseía un aura cósmica, cuyas exhalaciones energéticas atraviesan las distintas capas de la atmosfera hasta lo más abisal del sistema solar, provocando vibraciones como efectos colaterales en cuerpos planetarios.

Las guerras de la antigüedad sólo cobraron la sangre derramada de los involucrados. Es un atentado transgeneracional, perpetuado y legitimado del hombre para el hombre.

En cada acción que enhebramos en conjunto,

Pareciera que estamos predestinados a vivir en conjuro.

Muestra fehaciente nos han dado la ambición desmedida, la nociva envidia, el mal en cualquiera de sus formas, todo es únicamente representado por las cúspides más altas del poder, ley inmutable del devenir de la historia universal.

Expresado en las más vesánicas tropelías a la condición humana, una recursiva falta de respeto a la vida.

La norma era no mostrar ni al más mínimo ápice de consenso si la situación lo permitía y cerrar la mano férreamente sin medir consecuencias del ingente daño en su posterioridad. Aldeas, pueblos, grandes urbes devastadas, pero siempre un árbol, sólo un árbol bastaba para sembrar la esperanza de un mundo pacifista.

Mientras la hoja se desprendía de la rama, un nuevo retoño nacía.

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