Soneto (2013)


No olvidaré aquella celsitud

Sopeso mi corazón con gravidez

Me extrañó con avidez

Que el titubeo no dio tiempo para la gratitud.

 

Mis hormonas unidas, enarcadas

Fueron hacia el destino aciago

El tesoro asegurado por un espárrago

Hasta que Noé descuido su arca.

 

En la terraza de la torre de babel, subyace una flor

En su báculo, Dios obtuvo el diluvio

No importó el hecho espurio

Al indolente mundo carente de color.

 

Ese barrabás, en teoría, era un ángel

Devenido en beduino

Su interés ecuménico era genuino,

Como la de liebre desea escapar del lebrel.

 

Lloré hasta mutarme en lágrima

Aquel árbol de flor violácea

Tiñe el atardecer, el mío, rosácea

Pieles que razonan, “detén”, esgrima.

 

Su camisa de lino,

Refregada al extremo, adquiere tono índigo

A pesar de las manchas del castigo

Los seres humanos cayeron en la estratagema

Como no pueden hacia otro mundo huir

No les quedó guerra por combatir

Comprendieron e izaron la paz como bandera.

 

Es decir: siempre se pondera más lo manipulable;

Lo sacro y material, como el talismán que añora el sacristán.

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